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viernes, 18 de enero de 2013

Esta noche no hay luna llena



Cuando comencé a leer esta novela me dije que estaba ante otra obra más de vampiros y “crepúsculos”, luego vi que no, además me gustó que se desarrollase en León, zona de lobos, quizás por el prurito de que en nuestro país también tenemos seres extraños. Seguro que desde una óptica adolescente, será una gran obra donde prima el amor por encima del hecho de ser vampiro o mujer-loba.
El joven protagonista duerme de día y vive de noche, se conecta con el mundo exterior por medio de Internet; la joven pasa por momentos difíciles y también prefiere la noche al día y es asidua a la web. La red es el medio de ambos, donde dejan constancia de sus emociones y donde se conocen, el blog es el enlace.
A lo largo de las páginas vamos a conocer de boca de sus protagonistas los deseos que les embargan, los miedos a ser como son y a aceptar lo que les depara su destino. Han de elegir, decidir su futuro, romper con lo anterior y compartir una nueva vida, esa será la lucha individual de ambos.
La lectura es amena, ágil y te arrastra hasta el final, y cuando finalizas echas en falta algo, ves que algunos episodios no quedaron muy claros al lector, que el tercer personaje en discordia, Arístides, queda un poco desdibujado y nos quedan las dudas de cómo se van a apañar esa pajera en el futuro.
La autora ha escrito en referencia a este libro que existe una fuerza capaz de convertirnos en otra persona, de poner nuestro mundo cabeza abajo: el amor. Quien se enamora elige su propio camino. Deja atrás una etapa de su vida para abrir la puerta a un mundo nuevo y desconocido. Tal vez vence la inseguridad, la soledad, la extrañeza, para reconocerse en la mirada de otra persona.
Para mí, esta novela es mucho más que la historia de dos criaturas de la noche que necesitan encontrarse. Es una historia sobre crecer, sobre elegir, sobre encontrar tu lugar en el mundo y, por supuesto, la persona con quien quieres compartirlo. Puede que sea fácil, pero conviene luchar por lo que merece la pena.

Ahora ya solo queda esperar a que saquen la pelicula, porque ultimamente todos los libros que leo de este estilo al poco me sacan la peli, jajaja

jueves, 13 de septiembre de 2012

100 preguntas basicas sobre ciencia

Ahora que ya hemos aIunizado seis veces en nuestro satélite, ¿qué hemos averiguado acerca de él?


En cierto modo es injusto esperar demasiado de las exploraciones lunares, si tenemos en cuenta los límites de lo que se ha hecho. Al fin y al cabo, no se ha hecho otra cosa que recoger algún que otro material de la superficie en seis lugares muy separados y dentro de un área total equivalente a América del Norte y América del Sur juntas. Pudiera muy bien ser que en cualquiera de estos alunizajes los astronautas no hayan estado ni a cinco kilómetros de alguna clave para descifrar los enigmas lunares, sin que ellos lo supiesen.
Por otra parte, los astrónomos y los geólogos no han hecho sino comenzar su misión. El estudio de las rocas lunares proseguirá durante años. El proceso puede ser útil, porque algunas de las rocas tienen unos 4.000 millones de años y son, por tanto, reliquias de los primeros mil millones de años de existencia del sistema solar. jamás se ha encontrado en la Tierra nada que se remonte, inmutable, a un período tan remoto.
De entre las cosas que nos ha revelado la investigación de la constitución química de la superficie lunar, la más clara quizá sea que la distribución de elementos es muy diferente de la de la Tierra. Comparadas con la Tierra, en las rocas de la superficie lunar escasean aquellos elementos que tienden a formar compuestos de bajo punto de fusión: hidrógeno, carbono, sodio, plomo, etc. Los elementos que forman compuestos de alto punto de fusión (zirconio, titanio y las tierras raras) se encuentran en mayor porcentaje en la corteza lunar que en la terrestre.
Una explicación lógica sería suponer que la superficie lunar sufrió en otro tiempo un calentamiento lo bastante fuerte y continuado como para evaporar y echar a perder los compuestos de bajo punto de fusión, dejando atrás los de alto punto de fusión. Esta conclusión viene además apoyada por el hecho de que, al parecer, hay una proporción muy alta de materiales vítreos en la Luna, como si gran parte de la superficie se hubiese fundido y solidificado después.
Pero ¿qué es lo que originó ese calor? Pues, por ejemplo, el impacto de grandes meteoritos a lo largo de la historia remota de la Luna, o bien, gigantescas erupciones volcánicas. En ese caso, el efecto aparecería en ciertas zonas y no en otras. Sin embargo, hasta ahora las pruebas parecen indicar que dicho efecto se extiende a toda la Luna.
Acaso viniese ocasionado por un largo período de sobrecalentamiento del Sol. En ese caso, la Tierra también habría estado inmersa en un calor parecido. Aunque la Tierra está protegida por el aire y los océanos, mientras que la Luna no, podrían existir pruebas en nuestro planeta de ese cálido período. No se ha encontrado ninguna, pero quizá sea porque en la Tierra no hay rocas que hayan subsistido, sin modificación alguna, desde aquellos primeros mil millones de años del sistema solar.
Una tercera posibilidad es que la Luna estuviese en otro tiempo mucho más cerca del Sol. Quizá fuese en origen un planeta independiente, con una órbita alargada que, en uno de los extremos, la aproximara al Sol hasta una distancia parecida a la de Mercurio hoy día. En ese supuesto podemos estar seguros de que su superficie estaba completamente cocida por el Sol.
Puede que el otro extremo de la órbita llevara a la Luna bastante cerca de la órbita terrestre y que en un momento dado —quizá no más de mil millones de años atrás— la Tierra lograra capturarla, convirtiendo así en satélite lo que antes fuera planeta.
Sea cual fuere la causa, lo cierto es que esa agostada superficie lunar es descorazonadora en un aspecto, pues alimenta la posibilidad de que no haya agua en toda la superficie, lo cual significa que el trabajo de establecer una colonia en la Luna es mucho más difícil que en otras circunstancias.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

100 preguntas basicas sobre ciencia

¿Qué son esas concentraciones de masa que se han descubierto en la Luna?


La ley de Newton de la gravitación universal admite una fórmula muy simple, siempre que se suponga que todos los objetos del universo tienen concentrada la masa en un solo punto. Si los objetos están muy alejados, podemos sentar esa hipótesis; pero cuanto más cerca estén unos de otros, tanto más habremos de tener en cuenta que su masa está, en realidad, distribuida por todo el cuerpo.
Con todo, el tratamiento sigue siendo muy sencillo, siempre que, primero, el objeto sea una esfera perfecta, y, segundo, su densidad sea radialmente simétrica.
Al decir que la densidad es «radialmente simétrica» debemos entender que si el objeto es muy denso en el centro y cada vez menos hacia la superficie, la manera en que la densidad decrece es exactamente la misma cualquiera que sea la dirección en que nos movamos a partir del centro. Da igual que haya cambios bruscos de densidad, siempre que esos cambios sean exactamente iguales en todas las direcciones a partir del centro.
Los objetos astronómicos más o menos grandes cumplen aproximadamente esos requisitos. Por lo general, son de forma casi esférica y su densidad exhibe una simetría casi radial. Claro está que cuando se trata de objetos muy próximos entre sí hay que contar con pequeñas desviaciones. Al estudiar los efectos gravitatorios entre la Luna y la Tierra hay que tener en cuenta que la Tierra no es una esfera perfecta, sino que presenta un abultamiento en el ecuador. El exceso de materia en el abultamiento produce un diminuto efecto gravitatorio que requiere especial atención.
Durante los años sesenta, los Estados Unidos pusieron en órbita alrededor de la Luna varios vehículos espaciales (los «Lunar Orbíters»). Conociendo como conocían el tamaño y la forma de la Luna con todo detalle, los expertos en cohetes estaban seguros de poder calcular con toda exactitud el tiempo que tardarían los vehículos en circundar el satélite. Pero cuál no sería su sorpresa cuando comprobaron que los vehículos se movían un poquitín demasiado aprisa en ciertas partes de la órbita.
Se observaron las órbitas con todo detalle y resultó que los vehículos se aceleraban ligeramente al pasar sobre los grandes mares lunares, que son regiones llanas con pocos cráteres. Esto sólo se podía deber a que la densidad de la Luna no tuviese una simetría perfectamente radial. En dichos mares tenía que haber una concentración adicional de masa que producía efectos gravitatorios no tenidos en cuenta. Los astrónomos empezaron a hablar de «concentraciones de masa» o, en forma abreviada, «mascones».
¿Qué son estas concentraciones de masa?
Dos son las teorías propuestas. Algunos astrónomos piensan que los mares lunares son cráteres supergigantes producidos por la colisión de meteoritos gigantescos con la Luna. Estos meteoritos puede que se enterraran bajo la superficie de los mares y que aún estén allí. Quizá estén compuestos de hierro en su mayor parte y sean, por tanto, mucho más densos que la superficie normal de la Luna. Constituirían, pues, una concentración de masa anormalmente alta.
Otra teoría es que, a lo largo de la historia de la Luna, los mares lunares fuesen realmente mares de agua. Antes de que el agua se evaporase al espacio, se habrían depositado densos sedimentos, explicando así ese exceso de masa.
Las futuras exploraciones de la superficie lunar deberían determinar cuál de esas teorías es la correcta (o si no lo es ninguna de las dos), lo cual podría a su vez revelarnos mucho más acerca de la historia de la Luna (y también de la Tierra).

martes, 11 de septiembre de 2012

100 preguntas basicas sobre ciencia

¿Por qué Ia Luna muestra siempre la misma cara hacia la Tierra?

La atracción gravitatoria de la Luna sobre la Tierra hace subir el nivel del océano a ambos lados de nuestro planeta y crea así dos abultamientos. A medida que la Tierra gira de oeste a este, estos dos bultos de los cuales uno mira siempre hacia la Luna y el otro en dirección contraria se desplazan de este a oeste alrededor de la Tierra.
Al efectuar este desplazamiento, los dos bultos rozan contra el fondo de los mares poco profundos como el de Bering o el de Irlanda. Tal rozamiento convierte energía de rotación en calor, y este consumo de la energía de rotación terrestre hace que el movimiento de rotación de la Tierra alrededor de su eje vaya disminuyendo poco a poco. Las marcas actúan como un freno sobre la rotación de la Tierra, y como consecuencia de ello los días terrestres se van alargando un segundo cada mil años.
Pero no es sólo el agua del océano lo que sube de nivel en respuesta a la gravedad lunar. La corteza sólida de la Tierra también acusa el efecto, aunque en medida menos notable. El resultado son dos pequeños abultamientos rocosos que van girando alrededor de la Tierra, el uno mirando hacia la Luna y el otro en la cara opuesta de nuestro planeta. Durante este desplazamiento, el rozamiento de una capa rocosa contra otra va minando también la energía de rotación terrestre. (Los bultos, claro está, no se mueven físicamente alrededor del planeta, sino que, a medida que el planeta gira, remiten en un lugar y se forman en otro, según qué porciones de la superficie pasen por debajo de la Luna.)
La Luna no tiene mares ni mareas en el sentido corriente. Sin embargo, la corteza sólida de la Luna acusa la fuerza gravitatoria de la Tierra, y no hay que olvidar que ésta es ochenta veces más grande que la de la Luna. El abultamiento provocado en la superficie lunar es mucho mayor que el de la superficie terrestre. Por tanto, si la Luna rotase en un período de veinticuatro horas, estaría sometida a un rozamiento muchísimo mayor que la Tierra. Además, como nuestro satélite tiene una masa mucho menor que la Tierra, su energía total de rotación sería ya de entrada, para períodos de rotación iguales, mucho menor.
Así, pues, la Luna, con una reserva inicial de energía muy pequeña, socavada rápidamente por los grandes bultos provocados por la Tierra, tuvo que sufrir una disminución relativamente rápida de su período de rotación. Hace seguramente muchos millones de años debió de decelerarse hasta el punto de que el día lunar se igualó con el mes lunar. De ahí en adelante, la Luna siempre mostraría la misma cara hacia la Tierra.
Esto, a su vez, congela los abultamientos en una posición fija. Uno de ellos mira hacía la Tierra desde el centro mismo de la cara lunar que nosotros vemos, mientras que el otro apunta en la dirección contraria desde el centro mismo de la cara que no vemos. Puesto que las dos caras no cambian de posición a medida que la Luna gira alrededor de la Tierra, los bultos no experimentan ningún nuevo cambio ni tampoco se produce rozamiento alguno que altere el período de rotación del satélite. La Luna continuará mostrándonos la misma cara indefinidamente; lo cual, como veis, no es ninguna coincidencia, sino consecuencia inevitable de la gravitación y del rozamiento.
La Luna es un caso relativamente simple. En ciertas condiciones, el rozamiento debido a las mareas puede dar lugar a condiciones de estabilidad más complicadas. Durante unos ochenta años, por ejemplo, se pensó que Mercurio (el planeta más cercano al Sol y el más afectado por la gravedad solar) ofrecía siempre la misma cara al Sol, por el mismo motivo que la Luna ofrece siempre la misma cara a la Tierra. Pero se ha comprobado que, en el caso de Mercurio, los efectos del rozamiento producen un período estable de rotación de 58 días, que es justamente dos tercios de los 88 días que constituyen el período de revolución de Mercurio alrededor del Sol.