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sábado, 29 de septiembre de 2012

100 preguntas basicas sobre ciencia

En muchas novelas de ciencia ficción se leen cosas sobre «campos de fuerza» e «hiperespacio». ¿Qué son? ¿Existen realmente?


Toda partícula subatómica da lugar a por lo menos una de cuatro clases distintas de influencias: la gravitatoria, la electromagnética, la nuclear débil y la nuclear fuerte. Cualquiera de ellas se extiende desde su fuente de origen en la forma de un «campo» que, en teoría, permea el universo entero. Los campos de un gran número de partículas juntas pueden sumar sus influencias y crear un campo resultante muy intenso. El campo gravitatorio es, con mucho, el más débil de los cuatro, pero el del Sol (cuerpo compuesto por un número enorme de partículas) es muy fuerte, precisamente por la razón anterior.
Dos partículas colocadas dentro de un campo pueden moverse al encuentro una de otra o alejarse entre sí, según sea la naturaleza de las partículas y del campo; y además lo harán con una aceleración que depende de la distancia entre ambas. La interpretación que se suele dar a estas aceleraciones es que están producidas por «fuerzas», con lo cual se habla de «campos de fuerza». En este sentido, existen realmente.
Ahora bien, los campos de fuerza que conocemos tienen siempre por origen la materia y no existen en ausencia de ella, mientras que en los relatos de ciencia-ficción es a veces muy útil imaginar la construcción de intensos campos de fuerza sin materia. El novelista puede así convertir una sección del vacío en una barrera contra partículas y radiación. ¡Igual que si fuese una lámina de acero de seis pies de espesor. Tendría todas las fuerzas interatómicas, pero ninguno de los átomos que las crean. Esos «campos de fuerza libres de materias» son un recurso muy útil de la ciencia-ficción, pero sin base alguna en la ciencia actual.
El «hiperespacio» es otro recurso útil de la ciencia-ficción: un artificio para burlar la barrera de la velocidad de la luz.
Para ver cómo funciona, pensad en una hoja de papel plana y muy grande, en la que hay dos puntos a seis pies uno de otro. Imaginad ahora un lentísimo caracol que sólo pueda caminar un pie a la hora. Está claro que tardará seis horas en pasar de un punto al otro.
Pero suponed que cogemos ahora esa hoja de papel, que en esencia es bidimensional, y la doblamos por la tercera dimensión, poniendo casi en contacto los dos puntos. Si la distancia es ahora de sólo una décima de pulgada y si el caracol es capaz de cruzar de algún modo el espacio que queda entre los dos trozos de papel así doblados, podrá pasar de un punto a otro en medio minuto exactamente.
Vayamos ahora con la analogía. Si tenemos dos estrellas que distan cincuenta años-luz entre sí, una nave espacial que vuele a la máxima velocidad (la de la luz) tardará cincuenta años en ir de una a otra (referidos a alguien que se encuentre en cualquiera de estos dos sistemas estelares). Todo esto crea numerosas complicaciones, pero los escritores de ciencia-ficción han descubierto un modo de simplificar los argumentos, y es pretender que la estructura del espacio (en esencia tridimensional) puede doblarse por una cuarta dimensión espacial, dejando así entre las dos estrellas un vano cuadridimensional muy pequeño. La nave cruza entonces ese estrecho y se presenta en la estrella en un santiamén.
Los matemáticos acostumbran a hablar de los objetos de cuatro dimensiones como si se tratara de objetos análogos tridimensionales y añadiendo luego el prefijo «hiper», palabra griega que significa «por encima de», «más allá de». Un objeto cuya superficie dista lo mismo del centro en las cuatro dimensiones es una «hiperesfera». Y de la misma manera podemos obtener el «hipertetraedro», el «hipercubo» y el «hiperelipsoide». Con este convenio podemos llamar «hiperespacio» a ese vano cuadridimensional entre las estrellas.
Pero ¡viva el cielo!, que por muy útil que le sea al escritor de ciencia-ficción el hiperespacio, nada hay en la ciencia actual que demuestre la existencia de tal cosa, salvo como abstracción matemática.

miércoles, 4 de julio de 2012

Rare exports, un cuento gamberro de Navidad


Unos científicos se encuentran en el norte de Finlandia investigando extraños sucesos que guardan relación con la existencia de una misteriosa criatura. Siguiendo sus pasos, el pequeño Pietari (Onni Tommila) descubrirá la verdad oculta tras el rostro de Santa Claus (Peeter Jakobi).

Lo que debería ser la ansiada esperada noche de Nochebuena, se convierte en una pesadilla para Pietari, que ha descubierto la verdad sobre Santa Claus, y queda muy lejos de lo que el se imaginaba.
Lo mejor sin duda es el aspecto infantil, donde se ven reflejados todos los miedos y exageraciones que tendemos a hacer con esas edades, pero que es lo que le dan ese toque especial a la película, y la hacen totalmente creíble, y como siempre, esas diferencias entre los miedos del niño y la indiferencia de los adultos, menos mal que al final se dan cuenta que no todo son imaginaciones.

Para haber sido ganadora en Sitges, la verdad esque me la esperaba de otra manera, pero no puedo decir que me decepcionara del todo.

Hay que verla en Finlandes, subtitulado, pero ahora que la he visto, la verdad es que no me la imagino en ningún otro idioma, porque realmente le da muchísimo encanto la versión original y se pueden apreciar ciertos matices cuando los protagonistas intentan hablar en ingles, cosa que de otro modo no tendría ni sentido ni quedaría bien.

lunes, 16 de enero de 2012

attack the block

Creo que es la pregunta que describe la película, que pasaría si hubiese una invasión alienigena en un barrio del sur de Inglaterra?, un barrio marginal, donde los chicos se dedican a delinquir por pura diversión?

Es básicamente lo que pasa en la película, una invasión alienigena, unos jovencitos con muy mala leche y muchas ganas de camorra, muchas explosiones, mucha sangre, pocos efectos especiales, de hecho me dio la impresión de que los alienigenas no eran ni mas ni menos que personas con un traje de mono peludo.

Te ríes, por lo menos yo me reí bastante, tanto por los comentarios como por las situaciones, y es que va a parecer mentira, pero mi barrio es un poco como el barrio que nos ocupa, donde los jovencitos están mas preocupados de hacer fechorias que de otras cosas.

No es una gran película, ni se va a llevar muchos premios, pero si que te asegura un buen rato de fin de semana, película palomitera como decimos nosotros, pero que te deja un buen sabor de boca.
Fácil de ver, para no pensar, y para pasar un buen rato con amigos, o solo.

A veces se nos olvida que de vez en cuando es bueno ver este tipo de películas, para oxigenar el cerebro de tantos dramones y películas que requieren una gran atención y una critica especial, como en la vida misma.